miércoles, 14 de febrero de 2018

EL CORTE INGLÉS: SALDO Y CÓMODOS PLAZOS


En setiembre de 2014 falleció Isidoro Álvarez, presidente de El Corte Inglés, unas cuarenta y ocho horas después del fallecimiento de Emilio Botín presidente del Banco Santander. La curiosa coincidencia de la desaparición de dos de los más importantes personajes de la vida económica del país ofrecía el aspecto de una curiosa y rara casualidad.
Botín dirigía un imperio financiero montado a base de crecer y acumular sin más objetivo que ese mismo crecimiento y acumulación especulativa y financiera. Y en esos años previos marchaba a pelo sobre un caballo desbocado llamado burbuja inmobiliaria. Álvarez intentaba sujetar desesperadamente un imperio comercial que vendía a crédito los millones de utensilios imprescindibles en esos centenares de miles de apartamentos de nueva creación que habían ido surgiendo como setas en esos mismos años.
Botín había seguido la locura expansionista del dinero fácil comprando todo lo que se encontrara a su vista, como un cazador enloquecido compraba bancos en cualquier país, financieras, seguros y concediendo miles y miles de créditos sin suficiente respaldo para adquirir esos apartamentos tanto a particulares como a especuladores institucionalizados, oportunistas del ladrillo, y sobre todo a inmobiliarias de más que dudosa solvencia y capacidad empresarial. Y para poder mover tanto dinero con el que comprar bancos y otras compañías y repartir créditos de escasa fiabilidad, pedía continuamente dinero fresco prestado a fondos de inversión y a otros grandes bancos.
En 2013 la situación era prácticamente insostenible para ambos próceres, sus empresas tenían tal grado de endeudamiento que la quiebra parecería inminente a no ser porque su caída podía arrastrar no sólo a todo el país, sino que incluso podría provocar consecuencias imprevisibles y desastrosas en toda Europa.
La última gran operación de Botín fue comprar la estructura de crédito del Corte Inglés. Se creó una empresa financiera cuyo 51% era propiedad del Santander y el 49% restante del Corte Inglés que pasaba a ser la propietaria de toda la estructura de crédito de la última. Esto representaba un riesgo mayor todavía por parte del Santander y la ruptura definitiva del negocio familiar y tradicional del Corte Inglés.
El C.I. era un negocio singular: en su totalidad era propiedad de la Fundación Ramón Areces, organización sin ánimo de lucro fundada por el gran patriarca ya fallecido y de quien Álvarez era sobrino y a quien dejó en herencia ese gran negocio. Por otra parte, desde los tiempos de Areces, una parte del capital de la empresa estaba en manos, en forma de bonos, de sus empleados que en razón de su fidelidad a la empresa los recibían y que eran préstamos a la empresa que compraban con su sueldo y que les rentaban unos intereses fijos de por vida mayores que los que ofrecía la banca en depósitos a plazo fijo. Una especie de sueldo en diferido. Podríamos decir que en última instancia el Corte Inglés era una especie de ONG familiar.
Claro que además de expandirse vendiendo lavadoras, ordenadores, mobiliario y ropa, el C.I. se expandió en esos años comprando gigantescos solares lo más céntricos posible sobre los que construía aceleradamente sus impresionantes grandes almacenes hasta en ciudades de escasísima proyección económica de futuro.
Y claro está que el Santander no vivía tan sólo de vender dinero fácil a clientes enloquecidos por la burbuja, sino sobre todo del gran negocio del dinero negro que la barbarie constructiva producía sin cesar. Dinero que se obtenía gracias a una legislación urbanística que tenía como fin precisamente la salida a la vida financiera y comercial de enormes masas de dinero no localizable por Hacienda. Si alguien pedía un crédito al Santander o a cualquier otro banco para comprar un piso no le ofrecían como era lo tradicional un setenta por ciento del valor de compra oficial del piso, sino un ciento veinte por ciento ya que las condiciones de compraventa de ese piso incluían siempre una parte en dinero responsable ante hacienda, y otra a tocateja en un sobre.
Otro día explicaremos como se movía ese dinero negro y de donde surgía inicialmente.  
El hecho es que en 2014 tras ambos fallecimientos, la hija de Botín se hizo cargo del control del banco por sorpresa y literalmente al asalto, y el sobrino de Álvarez, Dimas Gimeno, del control del C.I. pero no de la Fundación propietaria del mismo, que hubo que repartir entre las hermanas de Álvarez  y sus dos hijas.
El resultado fue que la Fundación pasó a poseer sólo el 37% del C.I. quedando el resto entre los familiares de Álvarez entre los que Dimas Gimeno sólo tenía la propiedad del 30% restante.
En 2014 para salvar la situación del C.I. el Santander negoció un crédito sindicado de un buen montón de bancos, de los que ellos eran el principal, para aportar liquidez al C.I., y aún así en 2015 recurrieron al estado Qatarí para obtener otro crédito de 1.000 millones de euros que impidiera la quiebra del con la condición de que el C.I. saldría a bolsa cuando los qataríes lo exigieran.
En la actualidad la deuda del C.I. es de tres mil seiscientos cincuenta millones de euros, prácticamente la misma que tras el estallido de la burbuja, la deuda del Santander es literalmente inconmensurable y las cifras oficiales impiden saber a qué niveles astronómicos ha llegado. Para paliarla ha estado vendiendo algunos de los activos que Botín había ido comprando durante los años felices, pero sus acreedores aprietan y ciertos fondos salvajes les están forzando a vender lo que sea para hacer frente a los pagos que vencen continuamente sin liquidez para cubrirlos.
Otro día hablaremos de la compra del Popular.
Al borde de la quiebra de ambas entidades, pero imposibles de quebrar por las consecuencias extremas que esto acarrearía, los qataríes han exigido la salida a bolsa porque a ellos les interesa un rábano la venta de lavadoras y textil y les interesa muchísimo la compra de lo que quede del negocio cuando salga a bolsa y ellos lo compren a precio de saldo ya que la compra absorbería su propio crédito, y con esa operación obtengan una suculenta tajada de un buen montón de solares céntricos de todas las más importantes ciudades de España. El patrimonio inmobiliario del C.I. está valorado en unos dieciocho mil millones de euros.
Claro que en esa situación las hijas de Álvarez y su sobrino se han enzarzado en una serie de pleitos judiciales salvajes por la propiedad de la Fundación y del propio C.I. en la que, por ahora, no ha habido cadáveres. Ya hubo bastante con que desapareciera el férreo amo y patriarca en 2014 cuando se negociaba la venta del sector más importante del C.I al Santander en el mismo momento en que falleciera el propio amo del banco.
La señora Ana Patricia Botín y las hijas de Álvarez y su primo Gimeno, más los qataríes, más unos cuantos personajes de los llamados gestores de primera fila de las grandes empresas españolas están “discutiendo” de forma bastante cruda quien se lleva las mejores porciones del pastel. Y de estos personajes trabajando entre bambalinas el más importante se llama Manuel Pizarro.
¿Y saben quién es el principal garante de las dos operaciones que se están cerrando estos días, la que sostiene artificialmente al Santander ante sus descomunales deudas impagables, y que por tanto necesita solares de alto precio para vender rápidamente y cubrir deudas, y la que ha acudido a la refinanciación del Corte Inglés, que en realidad representa su liquidación por derribo, la venta de sus inmuebles y el despido de miles de trabajadores? Se llama Goldman Sachs, que va a aportar la parte fundamental de los créditos imprescindibles para evitar la quiebra. ¿Y quién ha sido el hombre clave que ha gestionado todo este derrumbe controlado (por ahora) del C.I. y ha puesto más o menos de acuerdo a los qataríes, el amo Gimeno, el Santander y ha ido apartando del poder a las hijas de Álvarez y la vieja guardia de la Fundación? Manuel Pizarro, nieto del general de la guardia civil que al acabar la guerra del 36 dedicó años a liquidar la resistencia guerrillera a base de torturas, asesinatos, violaciones y vaciar literalmente las masías, cortijos y hasta aldeas enteras que supuestamente podían servir de apoyos a la guerrilla antifranquista, llegando incluso a hacer fusilar a los guardias civiles que se mostraban tibios ante la dureza de la represión. Pero dejando a un lado cómo se creó su fortuna familiar gracias al enorme poder de este general durante la Dictadura, diremos que el actual Sr. Pizarro es, entre otras muchas altas responsabilidades y altos negocios, el expresidente de Endesa, puesto que dejó para pasar a organizar esta compleja operación hace tan sólo un par de años. ¿Y saben quién era uno de los más altos directivos de Endesa hasta su nombramiento como ministro? Se llama Luis de Guindos, el ex Lehmann Bothers considerado por el Financial Times “el peor ministro de economía de Europa”. ¿Y saben con quién está casado el Sr. Pizarro? Con la expresidenta de Navarra Yolanda Barcina. ¿Y quién era el segundo tras M. Rajoy en las listas electorales del PP por Madrid en las elecciones del 2008? El propio Manuel Pizarro. ¿Y saben de qué organización, también sin ánimo de lucro, son notorios miembros De Guindos, Trujillo, Barcina, y los Botín? Se hace llamar El Opus Dei. 
Otro día explicaremos algo de lo de la absorción del Popular, el banco del Opus y la Conferencia Episcopal, por el Santander.



sábado, 10 de febrero de 2018

IMPUNIDAD. EL GOBIERNO EN LA SOMBRA: NUESTRA P-2 A LA ESPAÑOLA



 Probablemente hay un error en la percepción del funcionamiento de la corrupción que nos corroe. Se presenta como si en el seno de una importante organización política, el PP, se hubiera formado una organización criminal dedicada al enriquecimiento ilícito, la corrupción y el saqueo de las arcas públicas. Es un error de percepción. La realidad parece justo la contraria: que en el seno de una organización criminal se ha conformado un partido político, el PP, pero no sólo el PP, que permitiera encubrir públicamente ese saqueo. No es un partido que tiene dentro una trama criminal, es una trama criminal que tiene dentro un partido.
Y esa organización criminal quizás tiene una forma algo imprecisa o algo difusa, o quizás tiene una rígida y sólida estructura piramidal en cuya cúspide hay personajes que ni siquiera imaginamos.
Pasó en la Italia de los años setenta y al fin allí los capos supremos acabaron siendo conocidos, Giulio Andreoti, Licio Gelli, el abogado y banquero de la Mafia siciliana Michele Sindona, el arzobispo Paul Marcinkus, el banquero Roberto Calvi, el general Vito Miceli, y en segundo plano unos cuantos más militares, banqueros, políticos, periodistas, industriales y magistrados.
Cuando entre atentados terroristas nunca esclarecidos con cientos de muertes, corrupción generalizada, asesinatos políticos y una enorme desintegración social, saltaron todos los escándalos a la luz, se produjeron unos años de reorganización de la vida política italiana y al final se reconstruyó el país dejando atrás aquel horror mafioso sin que se aclarase qué había pasado ni se hubieran ajustado cuentas con ese pasado. Andreoti falleció muy anciano es sus grandes posesiones de Sicilia a principios de este siglo, Licio Gelli, el gran maestre de la P-2, vivía hasta hace pocos años en su lujosa mansión del norte de Italia, Marcinkus gozaba de un dorado retiro en sus grandes fincas con campo de golf privado en los EEUU, etc. Claro que en el proceso de liquidación se asesinaron un poquito entre ellos, pero de los grandes capos que sobrevivieron ninguno pisó la cárcel jamás.  
Y aquí, entre nosotros, en el siglo actual ¿Sabemos realmente quienes nos gobiernan? ¿Quiénes son los verdaderos jefes de la organización criminal que está socavando la vida política, económica y social de nuestro país?
Porque es muy evidente que M. Rajoy es un botarate que está cumpliendo la función del que nunca sabe nada, ni hace nada, ni se entera de nada, pero entorpece todo lo que de sano pueda formarse en el país. Para eso le han colocado en su elevado trono, nada más que para hacer de pantalla fija, plasma inasible, figurilla inamovible, cartón piedra contra el que se disparan proyectiles que lo atraviesan sin que se altere en nada la realidad. ¿Quiénes nos gobiernan desde nuestra particular P-2?
Seguirá.


martes, 24 de mayo de 2016

Cifras, fútbol, banderas y mucho plasma



 Podría parecer que el escándalo de las esteladas en un partido de fútbol lo ha montado el gobierno en funciones para comenzar la campaña electoral con una buena campanada. Seguramente es cierto, pero no del todo. Lo que realmente importaba al gobierno del desastre era desviar la polémica creada por la gravísima situación económica y conseguir que frente a un tema tan arduo como el de las cifras contables entretener a los medios y la población dando carnaza sobre cosas ultrasimplistras como un  conflicto artificial de banderas nacionalistas.
La situación es tan grave que cualquier cosa les resulta imprescindible para evitar que se hable con claridad de economía. Superado el 100 % de deuda pública sobre el PIB, y con un déficit del 5% no hay salida dentro de los parámetros actuales de Bruselas, el FMI y Frankfurt. Literalmente no hay salida.
A groso modo quieren decir estas cifras que el Estado debe más en cada momento de lo que produce cada año a partir de ese momento, y como lo que debe dentro del ejercicio actual equivale a casi un tercio del total del presupuesto del Estado, y que como es imprescindible pagar al menos los gastos generales y este año se ha llegado a fin de ejercicio dejando a deber para el siguiente un 5% de todos los pagos pendientes, y considerando además que según la reforma del 135 de la Constitución es prioritario el pago de los vencimientos de la deuda antes que cualquier otro pago, simplemente no es posible cumplir ni con todos los pagos de la deuda, ni con los pagos corrientes, ni acabar el año sin deber dinero extra más allá del presupuestado para pagos dentro del año. Así de sencillo.
Claro que cada vez que llegan vencimientos de la deuda en vez de pagarse con lo producido se ha de recurrir a pedir más dinero prestado a los mismos prestamistas, lo que encarece continuamente los intereses y cómo no hay con qué pagar, los acreedores pueden dedicarse con toda tranquilidad a retorcernos el pescuezo cada vez más.
El límite es ese cien por ciento de deuda pública. A partir de ahí simplemente no hay forma de pagar más que o produciendo mucho más o debiendo mucho menos. Lo segundo ya es tarde para poder negociar nada y no es aceptado por nuestros buenos amigos de Bruselas y el FMI, lo primero es imposible con la política a cortísimo plazo que ha resultado única política económica que se les ha ocurrido hasta la fecha a nuestros variados gobernantes. Habría una posibilidad extrema: recaudar más, pero es obvio que sólo se podría cobrándoselo a los poderosos, no a los trabajadores ni a los pequeños y microempresarios, y eso simplemente no se plantea. A la larga hay aún otra alternativa, pero a veinte años vista, no para resolver estas urgencias y que con urgencias no es posible implementar: cambiar de sistema productivo, ir a nuevos sectores de alta productividad, innovadores, apoyar la enseñanza, la alta tecnología y la investigación al máximo, reducir la edad de jubilación, la semana laboral, cobrar menos pero repartir el trabajo, apoyarse en legislación fiscal rigurosa, reformar las leyes para perseguir al defraudador y al especulador más que al robagallinas, cambiar deuda actual por deuda perpetua, y ese largo etcétera que los poderes fácticos interiores y exteriores no están dispuestos a permitir sin que se paguen primero las deudas, que evidentemente no se pueden pagar en la situación actual, y cada año menos. Por eso decimos que no hay salida.
Y el déficit del 5% representa que en vez de que cada año se pueda reducir este déficit aún exprimiendo a los servicios sociales hasta el extremo, cada año se mantenga o incremente. De hecho se ha incrementado por causa de los costes del rescate bancario  aunque nominalmente parezca reducirse por los drásticos recortes, y sólo se disimulan las cifras reales por curiosos trucos de prestidigitación llamados ingeniería financiera pactada con Bruselas. Se excluyen ciertas partidas que no se contabilizan simplemente porque así se decide entre las partes, a sabiendas de que si se incluyeran como correspondería en una contabilidad real y honrada se tendría que declarar la quiebra.
Además hay que tener en cuenta que el PIB se calcula desde hace unos pocos años incluyendo dos partidas arbitrarias de dudosa productividad: la prostitución y el tráfico de drogas. Fue una resolución in extremis del anterior gobierno que contó con el visto bueno de todo el mundo y el consabido silencio de los corderos. Una hipocresía para dar un cierto balón de oxígeno a unas cuentas ya a la deriva entonces.
¿Qué nuevo parche buscará el nuevo gobierno a pactar disimuladamente con Bruselas? Sean los que sean, los tiempos se acortan cada vez más deprisa y, como bajo un efecto Dopler, el chirrido se convertirá de pronto en un aullido de máxima frecuencia, insoportable, desastroso. En ese momento sólo cabe un gobierno autoritario, una quiebra que arrastraría a toda Europa, o una situación civil insoportable. Es cosa de poco tiempo, dos o tres años, pero lo que ahora sabemos y el gobierno pretende ocultar es que a partir de ahora ya no hay marcha atrás. Por eso hacen falta guerras de banderas, más fútbol, y toneladas de plasma para evitar verse cara a cara con los ciudadanos, con la dura e inexorable realidad. Económicamente no hay ya futuro, al menos un futuro con cierto orden y decencia.
Esta crisis es muy larga, decisiva, como la del pasado siglo, porque es imposible mantener las tasas de beneficios de los capitales y porque los capitales financieros, especulativos, corren por el mundo como pollos sin cabeza cargados de dinamita, mientras a los capitales productivos les resulta inútil el dinero barato de los financieros y les falta el beneficio, y sin incremento de las tasas de beneficio el capitalismo no funciona. Recordemos una vez más cuánto duró la crisis del 29. Comenzó en el 29 y acabó en el 46 con la implementación de los acuerdos de Bretton Woods, y por el camino se dejó millones de muertos, guerras, fascismos, y un largo etcétera criminal. Sólo tras eso se resolvió la crisis, a ese altísimo precio. Ahora nadie quiere decir la verdad y enfrentar la dura realidad actual, sólo estamos a menos de la mitad del camino de la salida de la crisis, y ya los síntomas son nefastos en Europa y Norteamérica.
Sólo queda la calle. Pero la calle no es nada si no se consigue el gobierno, y a su vez el gobierno no sirve para nada si no se tiene la calle. Calle sin gobierno o gobierno sin calle sólo dan un resultado: los tanques. Calle y gobierno pueden contener los tanques, pero siempre que la mecha prenda a la vez en otros puntos de Europa, y aún así, calle y gobierno, pero sin ir demasiado lejos. Difíciles equilibrios, improbables.
Y gobierno no quiere ya decir partido de corte clásico, partido sólido de vanguardia, o sea partido alejado de la ciudadanía, por el contrario quiere decir movimiento que se concreta en entente de partidos y movimientos civiles capaces de estar a la altura de tales circunstancias con suficiente lealtad o al menos sentido de la realidad, la conveniencia y la oportunidad. Y quiere decir descentralización, poder de las ciudades y las regiones, poder, en definitiva, de lo pequeño frente a lo grande, de lo débil frente a lo poderoso, lo débil se dobla pero no se quiebra fácilmente, lo fuerte se quiebra al no poder doblarse fácilmente.
Y todo esto en tan poco tiempo, tres o cuatro años para empezar y el doble o poco más para implementar. Demasiado difícil, probablemente sigamos muchos años con fútbol, banderas y mucho plasma, y desde luego con sólidas leyes mordaza, sólidas instituciones europeas y mucha miseria mientras se camina al precipicio internacional.


lunes, 16 de mayo de 2016

Empleo, sistema, y plasma



Una vez más hemos de soportar insistentemente esa cantinela de que el objetivo de todos los partidos es crear empleo. Parece un objetivo sensato, imprescindible, el objetivo real al que debe por sentido común dirigirse toda sana política económica.
Más bien lo cierto es que ese lema es una vaguedad difusa carente de significación, de concreción objetivable, conjunto de falacias sin sentido, publicidad partidista de personajes reacios a realizar esfuerzos mentales y mucho menos políticos.
Ante la cuestión del paro confluyen cuestiones muy diferentes pero que han coincidido en estos tiempos: un incremento descomunal, exponencial, de la población humana, un desarrollo de tecnologías específicas dedicadas a rentabilizar el esfuerzo, el trabajo, a incrementar la productividad, un desarrollo de la sanidad e higiene a nivel mundial que conlleva que la pirámide de la población mundial tenga una enorme base con una bolsa inmensa de población menor de treinta años en unos países y que se alargue descomunalmente hacia arriba con un notable retraso en la edad de supervivencia de los mayores en otros países, y una enorme supervivencia infantil, hechos que fuerzan a incrementar el esfuerzo de los sectores demográficamente productivos a favor de grandes masas de sectores necesariamente improductivos.
Y este análisis es perfectamente válido incluso visto sólo para Europa y Norteamérica en donde cada vez más la bolsa en edad de producir está engrosada no ya sólo por el crecimiento de la población autóctona sino sobre todo por la masa de población inmigrante que no admite ninguna barrera y que encuentra grandes dificultades para integrarse en trabajos de alta especialización y tecnológicamente complejos. El resultado inevitable es que ese conjunto de situaciones coincidentes hace imposible en el actual sistema económico crear trabajo productivo para toda la población en condiciones de producir. El paro no es consecuencia de la crisis, la crisis es en parte y en última instancia consecuencia del paro, al menos bajo el actual sistema y con los actuales parámetros, y el paro es parte nuclear de este sistema, no resoluble, no absorbible de forma imperativa. Sin comprender esto es inútil pretender enfrentar el problema.
La parte de la crisis que está provocada por el paro estructural es la que fuerza necesariamente el incremento de la tasa de ganancia por la conjunción de mejoras tecnológicas para el incremento de la productividad y por la caída de salarios generalizada imprescindible para que cada empresario en esas condiciones pueda luchar por un lugar competitivo al sol. Una vez más el ejército de parados fuerza a su vez la bajada de los salarios y la proletarización de amplios sectores sociales antes de ámbitos profesionales, funcionariales, de muy pequeños empresarios, comerciantes, etc., lo que conlleva una bajada de la demanda de bienes no imprescindibles y una nueva necesidad de incrementar la productividad bajando los salarios y desarrollando continuamente nuevas tecnologías más competitivas.
La consecuencia social es pobreza, miseria, desesperación, por ahora, pero la consecuencia a ya bastante corto plazo es la imposibilidad de mantener con los fondos generados por los sectores en el espacio productivo a los sectores no productivos en continuo incremento. Las cajas de pensiones y los fondos para la sanidad se van resintiendo y se tienden a agotar sin poder cubrir decentemente a esos sectores no productivos de la población, que además de los mayores y los niños, cuentan cada vez más con los parados de larga duración, los marginales expulsados del sistema, sea en atención clínica o en cárceles, y además los ejércitos cada vez más sofisticados, profesionales y poderosos, y las policías, cada vez más diversificadas, más privatizadas y más numerosas.  
Todo esto lleva necesariamente al Estado, pero no es lo único que lo hace, a buscar más recursos para evitar la explosión social. No es nuestro supuesto Estado de bienestar un producto conquistado a las clases dominantes por un buen acuerdo humanitario con ellas, es la necesidad históricamente comprobada de que si no actúan así las clases dominantes la explosión social les acabará saliendo demasiado cara. Y para evitar esa explosión producto de la pobreza y la miseria han de apuntalar a esos sectores desplazados de la sociedad con dinero fresco que les impida llegar al punto crítico de deterioro en que la explosión se produciría inevitablemente. Siempre moviéndose en esos límites, pero nunca dejando que se sobrepasen, aunque el deterioro lento pero implacable no deja de sentirse continuamente en la sociedad entera.
Y el Estado ha de buscar ese dinero fresco en cualquier lado, ya que la sociedad no produce bienes ni suficientes ni adecuados para que su comercialización cubra vía impuestos esas necesidades, y lo busca por el camino más estúpido posible, pero el único que el sistema permite: por un descomunal sistema de créditos circular y especulativo que genera dinero carente de contrapartidas productivas reales. De hecho en el mundo actual hay firmados créditos a corto que probablemente rondan más de cuatro veces lo que el mundo produce cada año. O sea, cada año todos los deudores han de pagar a sus acreedores más de cuatro veces en dinero lo que la economía real productiva produce en ese mismo año, lo que obviamente es imposible a menos que se fabrique dinero sin contrapartida en su valor real. Sólo el necio confunde valor y precio.
Y claro, los vencimientos de cada Estado, de cada banco, de cada multinacional, de cada gran fondo de inversión, han de cubrirse para evitar la quiebra, para cubrir la exigencia perentoria de pago que resulta materialmente imposible de cubrir. Y eso sólo admite una solución: refinanciar, crear más deuda, pedir prestado para pagar préstamos vencidos, que es, evidentemente, lo contrario a una solución, que es por el contrario un incremento continuo del mismo problema que no se quiere enfrentar ni resolver.
Esa es la situación real. Prometer crear empleo es tan sólo una muletilla carente de contenido válida exclusivamente para la propaganda por plasma, para el discurso vacuo y cínico de la derecha, se llame esta como se quiera llamar.
Se puede prometer crear mejores condiciones sociales y enfrentar de forma global la cuestión de la deuda mundial, pero eso no parece atraer a demasiados políticos, les resulta arduo y complejo, es mejor mentir, engañar y por prudencia hacerlo detrás de una buena pantalla de plasma.

miércoles, 20 de abril de 2016

GRAN COALICIÓN: ¿INCERTIDUMBRE?



Se busca presidente de gobierno, abstenerse usados y de segunda mano. Este parecería el anuncio que los poderes fácticos están insertando en la parte oscura de internet y haciendo circular en los partidos de poder. Así las puñaladas traperas en el seno del PP son de categoría suprema, unos se ven forzados a echar como sea a Rajoy y su caterva de corruptos notorios que entorpecen la gran coalición y otros se ven obligados a defender con uñas y dientes su fastidiosa preeminencia ante la probabilidad más cierta que nunca de que si caen verán la cárcel en pocos meses. Así, hoy te asesino a un ministro corrupto pero yo a ti te pongo en la picota a un Aznar igualmente corrupto, y mañana ya veremos, y aunque parezca que nos acostumbramos a todo aún veremos cosas que harán fablar a las piedras.
Porque hay una única decisión de esos poderes reales, fácticos: la gran coalición, única fórmula que permitiría mantener a la banca apuntalada ante su cada vez más inminente situación de descalabro total. La cuestión no es resolver los gravísimos problemas de la actual fase de la gran crisis, sino alargar el tiempo antes del desastre pensando que ese tiempo se podrá alargar indefinidamente, es la que llamaríamos la táctica israelí: ganar tiempo y después ya veremos cómo seguir ganando tiempo.
Y si la intención era quitarse de encima a Rajoy y su banda antes de que fueran imperativas por ley nuevas elecciones han comprobado que el boss gallego es un hueso demasiado duro de roer. 
Así que si en cuatro días no le liquidan iremos a unas elecciones en las que el PP sabe que perderá un millón de votos más o menos pero seguirá contando con su vastísima red de clientelismo caciquil local, sobre todo en las poblaciones pequeñas donde demasiada gente está demasiado comprometida con la corruptela permanente del PP como para dejarle de votar.
Efectivamente, vivimos en un país esencialmente corrupto, y demasiados ciudadanos son no simples colaboradores sino verdaderos cómplices movidos por sus pequeñísimos intereses a nivel local que garantizan pequeñas o no tan pequeñas prebendas, y sobre todo fidelidades temerosas de perder sus pequeños o no tan pequeños apaños en sus pequeños o no tan pequeños negocios familiares, sus arbitrarios puestos de trabajo para yernos, sobrinos o padres o su cierta seguridad dentro de lo que cabe de que no va a venir el comunismo y les va a expropiar sus casas, que aunque parezca increíble hay mucha gente escasamente cultivada y escasamente política que tiene la desgracia de creer tales barbaridades si pierde el PP.
Y esos votos perdidos no sujetos a la red clientelar corrupta del PP o bien porque no lo habían estado antes, eran votos honestos de gente de derechas, o bien porque en su pueblo o ciudad el PP ha perdido el poder y el PSOE no lo ha ganado totalmente y ni aún parcialmente, irán necesariamente a Ciudadanos, que verá incrementada su cuota en ese millón que gracias a nuestro perverso sistema electoral sí les valdrá para subir en escaños algo más de lo que representan.  
Y el confuso, difuso y afuso PSOE verá comidos indefectiblemente sus ya magros escaños por la derecha hacia Ciudadanos ante el temor a un deslizamiento ni tan siquiera mínimo a la izquierda de su derechoso partido, y por la izquierda ante la evidencia de la inutilidad de seguir votando PSOE cuando hay otro partido que es más auténticamente socialdemócrata y que va por la izquierda de ganador manifiesto. Luego vendrán las vendettas y a un tal Sánchez posiblemente le encontremos olvidado en los rincones de la política ficción dentro de pocos meses.
Y así ese conjunto disjunto que se llamará como sea pero que resulta inevitable para ganar, por más que a los timoratos de la casta de Podemos les resulte peligroso llevar a cuestas la alianza con los restos peceros de esa organización siempre moribunda llamada Izquierda Unida, ese conjunto ganador compuesto por un adecuado ensamblaje de confluencias, mareas, afluencias, izquierdaunidas, iniciativas y podemidades, se encontrará al menos con sus propios seis millones de votos que le coloque a la par en votos del PP pero un tanto por debajo en escaños gracias una vez más al alto precio del diputado en ciudades grandes y el bajo precio en pueblos, ciudades pequeñas y territorios despoblados. Al fin y al cabo salvo en Andalucía el voto de izquierdas sigue siendo fundamentalmente urbano, y el de Podemos más aún.
Así que ya tendremos los huevos para la tortilla. 6 / 6 / 4 / 4 = Gran coalición inevitable PP+PSOE+Ciudadanos, ¿o alguien cree que después de la broma de estos meses y de nuevas elecciones, el PSOE podría tan siquiera pensar en formar parte en minoría de un gobierno de izquierdas?
¡Ah! Y falta encontrar ese mirlo blanco llamado presidente independiente ¿De Guindos, quizás?, aunque pasadas las nuevas elecciones tiene algunos contrincantes peligrosos y tan supuestamente independientes o quizás algo menos pero no importa, que él.
Es trágico, sin duda, pero cuatro años de oposición verdadera y en la calle, son imprescindibles para que lleguemos a tener unos partidos vivos y representativos y un gobierno que pueda titularse al menos socialdemócrata, y sobre todo para que por fin salgamos a la calle los ciudadanos sin sentirnos mediatizados por nadie, sino arrastrando a esos partidos quizás un poco excesivamente parlamentarios.
Y en realidad eso no será precisamente un inconveniente sino más bien un acicate absolutamente imprescindible. Podemos ha querido ser un partido de elite, parlamentario y medroso ante la calle. Mucho móvil y mucho virtualismo, pero poca vida real. Nos falta toda esa calle que eclosionó el 15M y que la vida de partido ha conseguido marginar, nos faltan las mareas, la discusión pública, la vida de los barrios, de los polígonos, de los pueblos, nos falta ese aire llamado espontaneidad y libertad sin los que la izquierda se ahoga. Ese aire que sí que tienen las mareas, las confluencias, Iniciativa y hasta Izquierda Unida, pero que Podemos creía que era –como Laplace respecto a Dios- una hipótesis que no resulta necesaria.